Llevaba muchas semanas oyendo hablar del estado de la pista de La Zarzuela. Que si etaba dura, que si había agujeros....
El Domingo hice de anfitrión de Anne Sophie Pacault. Para quien no la conozca le diré que es la campeona francesa de Gentleman y Amazonas y, en mi opinión, sea posiblemente la mejor amazona francesa. Me pidió ir pronto al hipódromo para que se lo enseñase y lo pudiera conocer bien. A las nueve y media de la mañana estabamos viendo las tribunas, vestuarios y el paddock. En ese momento me pidió que la acompañase a la pista a dar una vuelta andando. Así que se puso las botas y bajamos a dar un paseo de 1800 metros.
Yo tenía curiosidad por escuchar lo que me iba a contar, así que le eche valor y me preparé a caminar.
Según salimos a la pista noté que estaba mojada, bastante húmeda (como detalle decir que mis naúticos destiñeron y se me quedaron los pies naranjas). Me comentó Pablo Font que habían metido los palos a su posición original, por lo que la cuerda estaba casi virgen. Los ocho metros mas cercanos a los palos estaban con la hierba algo más larga, pero perfectos, como una moqueta. Los siguientes 5 metros (donde ha estado la cuerda el resto de la temporada) estaban algo más castigados, pero he de decir que vi TODOS los agujeros que hacen habitualmente los cascos tapados con arena y resembrados.
Anne Sophie estaba encantada con la curva. Dijo que era preciosa y selectiva, que no era la típica curva hecha a mala leche como en Inglaterra. Al llegar a la recta de enfrente, le impactó lo larga que era. Se imaginaba un hipódromo más pequeño, me comentó. Le indiqué que tuviera cuidado con el paso de caminos que hay al final de la recta, pero observé que estaba perfecamente tapado con hierba cortada. Durante todo el paseo los operarios del hipódromo comprobaban la dureza, el riego y supervisaban cualquier posible agujero. En la Curva del Pardo me preguntó que dónde solía atacar la gente para tomar referencias (los carteles que el publico ve con los metros, se ven desde la grada, pero el jockey no lo ve).
A la entrada de la recta lanzó una exclamación, Le parecía preciosa, cuesta arriba y el cesped seguía estando en un estado perfecto. Estuvimos probando a clavar los tacones en la pista y comprobamos que estaba en un estado perfecto, no tan dura como había leído por ahí.
Según salimos a la pista noté que estaba mojada, bastante húmeda (como detalle decir que mis naúticos destiñeron y se me quedaron los pies naranjas). Me comentó Pablo Font que habían metido los palos a su posición original, por lo que la cuerda estaba casi virgen. Los ocho metros mas cercanos a los palos estaban con la hierba algo más larga, pero perfectos, como una moqueta. Los siguientes 5 metros (donde ha estado la cuerda el resto de la temporada) estaban algo más castigados, pero he de decir que vi TODOS los agujeros que hacen habitualmente los cascos tapados con arena y resembrados.
Anne Sophie estaba encantada con la curva. Dijo que era preciosa y selectiva, que no era la típica curva hecha a mala leche como en Inglaterra. Al llegar a la recta de enfrente, le impactó lo larga que era. Se imaginaba un hipódromo más pequeño, me comentó. Le indiqué que tuviera cuidado con el paso de caminos que hay al final de la recta, pero observé que estaba perfecamente tapado con hierba cortada. Durante todo el paseo los operarios del hipódromo comprobaban la dureza, el riego y supervisaban cualquier posible agujero. En la Curva del Pardo me preguntó que dónde solía atacar la gente para tomar referencias (los carteles que el publico ve con los metros, se ven desde la grada, pero el jockey no lo ve).
A la entrada de la recta lanzó una exclamación, Le parecía preciosa, cuesta arriba y el cesped seguía estando en un estado perfecto. Estuvimos probando a clavar los tacones en la pista y comprobamos que estaba en un estado perfecto, no tan dura como había leído por ahí.
Ella corría la primera, de 2000 metros, y allí estaban los cajones preparados. Los observamos y alabó la inversión en cajones pues me dijo que eran unos de los mejores del mundo. Recorrimos la recta y fijamos el punto donde se suele atacar mirando a la barandilla de fuera para coger referencias. Anne Sophie Pacault, mejor amazona francesa, trabajadora de las ventas de Deauville, segunda de la Fegentri, decía que era uno de los mejores y más bonitos hipódromos donde había montado. La pista estaba como debe estar, así que ahora puedo emitir un juicio. Creo que tenemos un pedazo de hipódromo, donde se ha invertido mucho dinero, pero tenemos una pista magnífica, una recta muy selectiva y que no tiene nada que envidiar a los mejores hipódromos europeos. Al César lo que es del César.
Acabado el paseo, nos tomamos un café y ella pidió una pulguita (mas pequeña que una medianoche) y le clavaron 3,50 euros. Eso es un tema ajeno al hipódromo del que un día hablaré.
Conclusión: Ni la pista está como una carretera, ni tiene agujeros ni está mal cuidada. El Hipódromo ha intensificado el riego y la pista está con la calidad que el Hipódromo de Madrid merece.

